Crónicas de Eratóstenes

¡Y hasta payasos hay!


Arquímedes andaba molesto ese día debido a algunos cálculos que no terminaban de concretar su esencia entre las marañas casi resueltas de sus quehaceres mentales. Mientras tanto, el buen Eratóstenes leía algunos manuscritos que había obtenido de un mercader poco distinguido, pero admirador de la buena sapiencia; Sólo quería pasar el tiempo para que el mal humor de su amigo Arquímedes se diluyera. Mientras eso sucedía, el buen Eratóstenes construyó mil veces un sistema solar y mil veces lo deshizo a medida que iba leyendo hasta que casi pudo tocar el sol, la luna y el planeta en que vivía. – ¿Qué lees? – Le interrogó Arquímedes con una voz como del otro lado del Estigia. – Es la última obra de Korín Tellatus – Respondió con voz profunda el buen Eratóstenes. – Ya casi resuelvo la incógnita de la cuadratura del círculo, pero lo resolveré en otra ocasión, tengo un amigo que ha estado esperando pacientemente y no lo he atendido como debiera. – ¿Entonces ya se te bajó tu wá? Dijo con entusiasmo el buen Eratóstenes. – Un amigo es un amigo – dijo Arquímedes parafraseando a un viejo conocido de Güemes – Y el mundo seguirá igual durante muchos años, mejor vayamos a pasar un rato de solaz y esparcimiento que bien merecido tenemos. – Concluyó el buen Eratóstenes. – ¿Vamos a ver a las bailarinas exóticas? – preguntó con buenos ánimos Arquímedes. – No, mejor vamos a ver cómo dizque trabajan en el gobierno de la ciudad. Es más divertido. Además no se cobra por ver. Ya lo pagamos con impuestos. – ¡Vamos! – Aceptó Arquímedes y dejaron las ciencias descansar por un rato.