Crónicas de Eratóstenes

Primero lo primero, el mundo puede esperar

Suponía el buen Eratóstenes que el mundo era esférico, y muchos compartían su punto de vista. Sin embargo, le faltaban dos enormes cuestiones antes de terminar de curvarlo definitivamente. La primera era demostrarlo ante la dura crítica de la sociedad científica filosófica de su comunidad, la otra, más difícil aún, era casi una misión imposible, mostrarles a los políticos gobernantes el hecho innegable de la redondez del mundo y además demostrarles su utilidad. Pero el buen Eratóstenes no estaba sólo. Uno de sus grandes amigos, mecenas de las nobles causas de las meninges fosforeras, el maestro Tomi-Wan Kenobi se había propuesto ayudar incondicionalmente y servir de catalizador del proyecto ante quien fuera necesario, por lo que acudió ante el gobernante municipal para exponer las tesis del buen Eratóstenes en primera instancia. Después de mucho tiempo de espera, por fin llegó a donde el buen Eratóstenes. – ¿Cómo te fue? – Le preguntó impaciente al maestro Tomi-Wan. – ¡Bien, muy bien! ­ Con gran entusiasmo le proveyó respuesta. – ¡Ya tenemos la encomienda de realizar la elección para cambio de gabinete de las delegaciones municipales! – Se hizo el silencio. El buen Eratóstenes, salió unos momentos y al regresar ofreció al maestro Tomi-Wan – ¿Quieres un plato de codzitos recién preparados? Cuéntame que pasó con el mundo, ¿Seguirá plano mucho tiempo? – Con asombro Tomi-Wan Kenobi dijo – ¡Fó! ¡Arredobaya! ¡Sabía que me estaba viendo la cara pero no me di cuenta cuánto! – ¡Xó tu boca! – Dijo el buen Eratóstenes – Mejor comamos estas delicias antes de que se pongan dzat'z. El mundo puede soportar muchos munícipes todavía, mi panza no, y las delegaciones ¡quien sabe! – Y se pusieron a cenar.