Crónicas de Eratóstenes

¡Dije Nodriza!

Algunos de los personajes más importantes de la ciudad habían ido a consultar con el buen Eratóstenes ya que recientemente se habían dado algunos casos de violencia y temían que esto fuera un mal indicio para el futuro de su gobierno. El buen Eratóstenes, los recibió con amabilidad como era su costumbre, y les advirtió. – Es cierto que me gusta apoyar al prójimo, que me preocupo por los demás en conjunto y en lo individual, pero mi función en ésta vida, no es proponer soluciones a los problemas del dominio del hombre sobre el hombre, yo trato de crear las condiciones para que el hombre alcance los conocimientos que le permitan vivir en libertad. Sin embargo, deben crear los espacios sociales para que la bondad del espíritu anide y eche raíces entre los hombres. –Salieron de su presencia después de escuchar largamente los consejos del buen Eratóstenes. Sintiéndose iluminados se dirigieron al gobernante municipal. – ¡Tenemos la solución! – Le dijeron entusiasmados al susodicho gobernante, a lo que él les respondió con igual entusiasmo – ¡Hay que partirle su mandarina en gajos a cualquiera que parezca violento! – Exclamó en franca oposición a los consejos del buen Eratóstenes – ¿Fueron a ver al que les dije? – Les preguntó. – ¡Al que usted nos dijo, señor!, a… a… ¿cómo se llama? – Dijeron a una sola voz, mirándose entre ellos con ojos de preocupación. – Y les aclaró el gobernante – El único que entiende cómo debe tratar a la plebe, que piensa como yo, es ése Cabróstenes.